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Una madre acudió a consulta preocupada porque su hijo de 10 años llevaba semanas poniendo excusas para no ir al colegio, se mostraba irritable en casa y había dejado de hablar de sus amigos. Ella dudaba si era una fase o algo más serio. Durante la intervención exploramos con el niño, en un espacio seguro y sin presión, cómo se sentía en el colegio y con sus compañeros.
Una familia acudió a consulta preocupada por su hijo de 13 años. El menor presentaba un descenso en el rendimiento académico, frecuentes rabietas en casa y algunas conductas agresivas y regresivas que no correspondían a su etapa evolutiva.
Una joven acudió a consulta porque experimentaba elevados niveles de ansiedad que interferían en su bienestar diario.
Su principal objetivo era aprender a gestionar los síntomas y recuperar la sensación de control sobre su vida. El trabajo comenzó con psico-educación para comprender qué es la ansiedad, cómo funciona y qué función cumple en nuestro organismo.
Una mujer acudió a consulta expresando que, a pesar de llevar años con su pareja, se sentía profundamente sola. No había conflictos graves, pero tampoco conexión real: convivían en paralelo, sin apenas comunicarse emocionalmente.
En terapia trabajamos la brecha que se había ido abriendo entre los dos, explorando qué necesitaba cada uno y qué patrones de comunicación habían normalizado sin darse cuenta.
Una joven acudió a consulta porque experimentaba una gran inseguridad en su relación de pareja. Necesitaba constantes muestras de afecto y validación, lo que generaba malestar, conflictos frecuentes y miedo al abandono.
Una familia acudió a consulta preocupada porque su hijo de 15 años pasaba la mayor parte del día conectado a videojuegos en línea. Había dejado de quedar con amigos, su rendimiento escolar había caído y cualquier intento de limitar el uso delas pantallas acababa en conflictos intensos en casa.
Una mujer acudió a consulta durante su primer embarazo muy preocupada por una serie de pensamientos que aparecían de forma repetitiva e involuntaria.
Temía que pudiera ocurrirle algo al bebé y pasaba gran parte del día intentando dejar de tener esos pensamientos, revisando información, buscando tranquilidad en familiares o comprobando constantemente si todo estaba bien.
Una madre acudió a consulta pocas semanas después del parto porque sentía tristeza, irritabilidad y una gran sensación de culpa por no experimentar la felicidad que esperaba sentir.
Durante el proceso trabajamos en normalizar y comprender sus emociones, diferenciando las expectativas idealizadas de la maternidad de la experiencia real que estaba viviendo.



